INTERVENCIÓN DE JAVIER LAMBÁN TRAS EL COMITÉ FEDERAL
Rueda de prensa. 24 de octubre de 2016
El PSOE no impedirá que forme Gobierno en España la única fuerza política que en estos momentos tiene la capacidad y la posibilidad de hacerlo, que es el PP. Esa fue en definitiva, la decisión del Comité Federal.
Hace 6 o 7 meses, el PSOE buscó una alternativa a Mariano Rajoy y estuvo a punto de conseguirla; solo lo impidió el voto negativo de Pablo Iglesias, el voto negativo de Podemos, que es el responsable de que en este momento Mariano Rajoy siga siendo presidente, aunque en funciones, del Gobierno de España.
Ahora la derecha es mayoritaria en el Parlamento. Es más, si restamos a los 350 diputados los 17 diputados independentistas catalanes, con los que ni el PP ni el PSOE puede contar para formar una mayoría de gobierno, la derecha, que ya ha pactado –el PP y Ciudadanos–, tienen mayoría absoluta. Se produce, por tanto, en España una situación excepcional, una situación desconocida.
Ha habido muchos problemas para que, por afinidades ideológicas, se pudiera formar un Gobierno. Hemos celebrado ya en menos de un año dos elecciones. Si el PSOE no hubiera tomado la decisión que tomó ayer, nos hubiéramos encaminado en menos de un año a unas terceras elecciones. Y parece razonable que a situaciones excepcionales se responda y reaccione con soluciones excepcionales.
Es más, no es primera vez que el PSOE recurre a pactos con fuerzas políticas situadas en el otro extremo del arco ideológico para formar o permitir gobiernos. De hecho, Patxi López fue lehendakari del Gobierno de vasco con el voto a favor del PP y Artur Mas fue elegido president de la Generalitat gracias a la abstención del PSC.
En este tipo de situaciones es recomendable reprimir las vísceras y dar paso a la razón. Lo digo porque entiendo a la perfección la reacción, los sentimientos que en este momento embargan a miles de socialistas a los que estamos haciendo un esfuerzo ímprobo para explicarles que lo que ha hecho el partido es lo que el partido, en relación con su tradición y en relación con su propia esencia como fuerza política, debería hacer.
Es más, me permitirán que cite una frase que de manera muy afortunada hizo pública la semana pasada un socialista tan importante como Alfonso Guerra, que decía que una cosa es tener razones y otra cosa es tener razón. Y decía que tener razones no siempre significa tener razón.
Tener razones para llevar hasta las últimas consecuencias el voto negativo a Rajoy, razones de esa índole, tenemos muchas. Pero desde luego, no tienen razón aquellos que quieren condenar a España a una situación indefinida de ingobernabilidad, porque eso está empezando a resultar catastrófico para el país y acabará resultando catastrófico si no lo remediamos para el conjunto de la ciudadanía española.
Ayer, el Comité Federal del PSOE tomó una decisión que no significa en absoluto darle el Gobierno a Rajoy. El Gobierno a Rajoy se lo han dado los ciudadanos y el apoyo que tendrá de los diputados del partido político Ciudadanos.
No acordamos ningún pacto con Rajoy, no acordamos apoyar a Rajoy, acordamos no impedir que se forme un Gobierno, acordamos irnos a la oposición, acordamos liderar la oposición, que a ninguna fuerza política se le ocurra que va a poder ejercer el liderazgo de la oposición, porque lo va a ejercer el PSOE.
Y, además, en la resolución aprobada dejamos claros los puntos sobre los que el PSOE va a ejercer esa oposición.
El debate en el Comité Federal, que por cierto fue muy interesante, que transcurrió por cauces plenamente democráticos, con intervenciones apasionadas, encendidas, pero en cualquier caso, respetuosas, tuvo por fin la virtud de poner encima de la mesa las opciones que realmente existían pero no ayer, desde hace varios meses.
Una de las autocríticas que nos debemos hacer los socialistas es que durante meses hemos mareado la perdiz, hemos equivocado a los ciudadanos con propuestas y con debates falsos y equívocos, hemos equivocado a los propios militantes del partido envenenándolos con expectativas y con dilemas absolutamente falsos.
Ayer por fin se puso de manifiesto que en este momento solo hay dos opciones: una, no impedir que Gobierno el PP, que es el que ganó las elecciones y el único que está en disposición de gobernar, y otra ir a terceras elecciones. En otras palabras: o desatascar la política o condenar al país a más meses sin gobierno, que sería ya año y medio para escándalo de cualquier persona con una mínima sensibilidad democrática y que está causando –como comprobé la semana pasada en Bruselas– estupor en toda la Unión Europea que no entendía cómo un partido como el PSOE, de acreditada vocación de Gobierno, de acredita responsabilidad y sentido de Estado, de acreditada adscripción al modelo político europeo, no entendían que siguiera permitiendo que mes tras mes estuviera en una situación de ingobernabilidad.
Y la decisión que se adoptó fue no impedir que la fuerza que tiene 170 diputados, que de hecho es la mayoría absoluta si descontamos a los independentistas, pueda formar gobierno.
Y ello, desde el punto de vista de los socialistas aragoneses compartido con el resto de los socialistas españoles, lo hicimos por tres razones fundamentales.
–En primer lugar, pensando en España y en Aragón. El PSOE cuando ha sido el partido que responde a la vocación de sus fundadores y cuando ha sido el partido que ha sido entendido mayoritariamente por los españoles ha sido cuando ha decidido hacerse cargo del país y de las aspiraciones de la mayoría de los ciudadanos. Somos un partido de izquierdas, de manera inequívoca, somos un partido comprometido fundamentalmente con la defensa de las clases medias y trabajadoras. Pero hemos sido siempre un partido comprometido con España, con el país. El partido que más sentido de Estado, el partido que más responsabilidad de Estado ha acreditado siempre y desde luego desde el arranque de la actual democracia, desde el arranque del sistema político que ahora disfrutamos. Y en este momento, con cuestiones tan graves como las que existen encima de la mesa, con un riesgo cada vez más cierto de secesión de Cataluña, con un problema gravísimo en el proyecto europeo, en el que se está produciendo un debate del que España está absolutamente ausente porque no tiene gobierno y con un Gobierno de Aragón, que lleva diez meses sin poder hablar con un Gobierno de España con lo que poder avanzar en temas como el Canfranc, el carbón, la financiación autonómica, como las inversiones pendientes, en estos momentos, por sentido de país y por responsabilidad era fundamental que en España hubiera un Gobierno. Y si ese gobierno mayoritariamente los españoles han querido que fuera del Partido Popular, el PSOE, entendíamos, que tenía la obligación política, por razones de Estado, de no impedir que se formara.
–En segundo lugar, por la salud del propio sistema constitucional. Repetir una y otra vez las elecciones porque los resultados no les gustan a los elegidos, es decir, instalarse en un régimen de campaña electoral permanente, podrá gustarles a algunos que no comparten el sistema constitucional en el que vivimos, pero desde luego nos tiene que sentir muy incómodos a los que sí estamos conformes con el sistema constitucional de 1978 que queremos mejorar, reformar, modernizar, pero en modo alguno, acabar con él. Algunos sí que quieren acabar con ese sistema constitucional y, desde luego, poner en quiebra, poner en riesgo, poner en crisis algo tan elemental como gestionar los resultados electorales para formar un Gobierno como consecuencia de los mismos es algo que va en derechura contra el corazón mismo de este sistema constitucional, contra el prestigio de ese sistema, contra la estabilidad del propio sistema. El PSOE no podía que permitir que una, dos y tres y hasta las veces que fueran necesarias estuviéramos con el país abierto en canal, sin gobierno, cuando los desafíos que tenemos por delante son tan importantes.
–Y en tercer lugar, entendíamos que no era conveniente ir a terceras elecciones, y esta es la razón si me permiten menos ejemplar de todas desde el punto de vista del patriotismo, que es lo que fundamentalmente ha conducido al PSOE a esa decisión pero que también hay que tener en cuenta. El PSOE adoptó la decisión que adoptó porque ir a terceras elecciones, en nuestra opinión, era un pésimo negocio electoral, un pésimo negocio para nosotros. Primero, porque ir a terceras elecciones hubiera significado que la opinión pública nos penalizara a nosotros por ese fracaso político, lo cual hubiera ido en detrimento de nuestros resultados, de nuestras expectativas electorales. En segundo lugar, porque la izquierda, en este momento, está sumida en tal estado de división interna, en tal estado de debilidad, porque no solo nosotros, también Podemos está en una crisis de identidad seria, con una división interna muy seria, ir a terceras elecciones hubiera significado un retroceso de la izquierda y un avance de la derecha. Y por último, porque en estas circunstancias, con un Partido Popular con 137 diputados, existen muchas más posibilidades de influir desde la oposición en las decisiones de Gobierno que si fuéramos a otras elecciones, en las que con una derecha más fuerte, la posibilidad de incidir en las posiciones del Gobierno serían mucho más limitadas.
Esas fueron las razones por las que el conjunto de los que votamos a favor de no repetir elecciones, hicimos lo que hicimos. Esas fueron las razones que condujeron, entiendo, a los 139 miembros del Comité Federal que votamos lo que votamos.
Pero lo que sí puedo afirmar, que esas fueron las razones que motivaron a la delegación socialista para votar lo que votó y hacerlo además de manera mayoritaria, porque he de decirles que para mí, además de interpretar correctamente el sentir de la mayoría de los ciudadanos españoles, me importaba y me interesaba mucho mantener en la mayor medida posible la unidad de Aragón, la unidad del socialismo aragonés. Cosa que creo que, honradamente, hemos conseguido, aunque no les oculto que en muchas agrupaciones locales existe desazón, muchos militantes, muchos afiliados siguen instalados en el desconcierto y, desde luego, no les oculto tampoco, que mi primera tarea en los próximos días, en las próximas semanas, va a ser precisamente la de tratar de eliminar esa desazón, esa inquietud, esa amargura, tratar de convencer a los socialistas aragoneses de que el partido ha estado a la altura de las circunstancias, aun sabiendo que es difícil la explicación, porque existen razones medioambientales, e incluso otro tipo de partidos políticos interfiriéndose en el debate interno del PSOE, que hacen difícil que nuestros debates internos se produzcan de manera sosegada.
Pero como tengo la convicción de que el PSOE ha hecho lo que debería hacer en razón del interés general, estoy seguro que los militantes y los afiliados socialistas acabarán entendiendo, en su gran mayoría, la decisión del Comité Federal de ayer.