Y al tercer día se le citó

Cuando el PSOE regrese al Gobierno de Aragón en la próxima legislatura, recuperará el modelo de sanidad pública cercana, ágil y segura que Azcón está destruyendo

Artículo publicado en Heraldo de Aragón, el 3 de diciembre de 2025
Fernando Sabés, portavoz socialista en las Cortes de Aragón

El Gobierno de Azcón perjudica seriamente la salud. No es una conclusión literaria. Es una realidad que sufre la ciudadanía aragonesa. Porque la sanidad no sólo es un derecho. Es una necesidad para vivir y convivir. La salud, en ese concepto global que defiende la OMS, consiste en poder disfrutar de la vida. Y hacerlo con bienestar físico, psicológico y social.

También necesitamos una buena salud para no sufrir innecesariamente al final de nuestros días. Sencillamente, queremos estar sanos porque ese es nuestro estado natural. Luego, la realidad y la genética nos recuerdan que no somos eternos. Enfermamos o nos accidentamos. La evolución nos ha permitido sobrevivir a dolencias que no hace mucho nos diezmaban. Las vacunas, la prevención y los avances médicos nos han permitido prolongar la esperanza de vida, en calidad y cantidad.

Las administraciones públicas tienen el deber de garantizar el derecho a la salud, de forma universal y gratuita. Así lo regula el artículo 43 de la Constitución. Ahora, si quien gestiona la sanidad prefiere promocionar y financiar la medicina privada, en lugar de mejorar la sanidad púbica dándole mayor financiación, la consecuencia es que se debilita un servicio sanitario público que todas y todos pagamos con nuestros impuestos. Si contamos con magníficos profesionales en todas las áreas y niveles sanitarios, pero no los mimamos, les negamos medios y forzamos un rendimiento sin descanso, al final agotaremos el sistema público de salud, que quedará colapsado. Y esto se hace con alevosía y premeditación para beneficiar, entre otros, a los amigos de la sanidad privada del novio de Ayuso.

El Gobierno de Azcón ha puesto en marcha un nuevo modelo de urgencias de tarde en Zaragoza que centraliza la atención de toda la población de la capital en cuatro centros de especialidades. Se ha engañado a la gente, diciéndoles que se iba a acercar la atención de urgencia, cuando se ha hecho lo contrario. En lugar de prestar un servicio cercano y eficaz en los centros de salud de los barrios, los vecinos van a tener que desplazarse a puntos muy alejados de su domicilio. Por ejemplo, quienes vivan en Valdespartera y Casablanca tendrán que ir, mayores y niños, hasta el Ramón y Cajal, junto a la Puerta del Carmen. Ante un malestar de relativa urgencia estas personas ¿van a ir con coche al centro en hora punta sin poder aparcar?, ¿en transporte público?, ¿se pagarán un taxi? Lo mismo va a suceder a los que vivan en Parque Venecia y Torrero, que tendrán que ir al Pablo Remacha, o los vecinos del Actur, Santa Isabel o Parque Goya, que tendrán que llegar, como sea, al Grande Covián. La respuesta lógica de muchas de estas personas va a ser ir a las urgencias hospitalarias directamente. En definitiva, un sistema saturado por la mala gestión de la sanidad pública va a colapsar en unas fechas complicadas, epidemia de gripe y profesionales desbordados. De nuevo los pasillos llenos de pacientes pendientes de ingreso, pruebas diagnósticas que se retrasan, atención de especialidades que acumulan meses y unas listas quirúrgicas de espera que son inadmisibles. Ante este panorama muchas personas pueden tener la tentación de, si pueden, pagarse una sanidad privada, porque su vida, y la de sus seres queridos, es lo más importante. De este modo, Azcón facilita la implosión de la sanidad pública, cuestiona la eficacia del modelo público que tan poco le gusta y favorece el negocio de sus amigos de la salud privada. Tres en uno.

Nuestra obligación, y nuestro compromiso, debe estar al servicio de la ciudadanía. Vamos a impulsar una sanidad pública que se rija por el modelo CAS (cercana, ágil y segura). Por ello nuestro objetivo como oposición ahora, pero también como alternativa de gestión para un Aragón en positivo, es que todas las personas sean atendidas en medicina familiar en su centro de salud, en un plazo máximo de tres días. Al tercer día se le citó. Esta afirmación, hoy imposible, será la nueva normalidad de la sanidad aragonesa que vamos a implantar cuando gobernemos la próxima legislatura. Este objetivo debe ir acompañado de otros más ambiciosos. Recuperaremos la atención urgente de tardes en todos los centros de salud de la ciudad. Y, por supuesto, haremos que las pruebas diagnósticas se realicen en el máximo de tres meses. Esta medicina aragonesa 3.3 es una responsabilidad que asumimos para mejorar nuestra sanidad pública. Lo hacemos en beneficio de todas y todos los pacientes de Aragón que merecen una atención eficaz para lo más importante, su vida.