El tranvía y la publicidad

Natalia Chueca permite que los tranvías de Zaragoza circulen cubiertos con vinilos publicitarios de dudoso gusto y vulnerando el principio de accesibilidad

Artículo publicado en aragondigital.es, el 4 de noviembre de 2025
Carmen Dueso, diputada socialista en las Cortes de Aragón

Desde su inauguración el tranvía es mucho más que una línea que cruza la ciudad de norte a sur, uniendo aquellos barrios por donde pasa, facilitando la movilidad de los vecinos y siendo elemento fundamental en el modelo de ciudad. Es un símbolo de modernidad, de sostenibilidad y, sobre todo, de inclusión. Porque el tranvía de Zaragoza se diseñó con un principio claro: la accesibilidad total.

Y para lograrlo se contó con la experiencia de quienes mejor conocen las necesidades de accesibilidad: las entidades que representan a las personas con discapacidad (la ONCE, DFA y CERMI).

Una de esas aportaciones, la de la ONCE, fue que el color de las puertas de acceso debía contrastar con la carrocería, para que las personas con visión reducida pudiesen localizarlas fácilmente.

Sin embargo, hoy, el Ayuntamiento de Zaragoza permite que los tranvías de Zaragoza circulen cubiertos por completo con vinilos publicitarios de dudoso gusto y vulnerando ese principio de accesibilidad.

Esta publicidad elimina el contraste de las puertas dificultando el acceso a las personas con visión limitada, no permite la visibilidad desde el exterior, impide que los usuarios puedan elegir el vagón menos ocupado, no deja entrar luz natural ni permite la visión exterior del recorrido, lo que genera confusión, desorientación y agobio.

El tranvía forma parte de la imagen urbana de Zaragoza. Fue diseñado con una estética coherente con el resto del transporte público, con los colores y la marca de la ciudad. Forrarlo con publicidad es degradar su estética y diluir una de las señas de identidad más reconocibles de Zaragoza.

Además, estos vinilos dañan la pintura metalizada del tranvía, encarecen su mantenimiento y proyectan una imagen de servicio descuidado.

Este despropósito refleja una actitud política porque a la derecha nunca le gustó el tranvía, quizás porque fue un gobierno socialista quien lo impulsó, y fue un éxito rotundo: modernizó la movilidad, mejoró las calles por las que pasa y elevó la calidad de vida de miles de ciudadanos. Hoy, Zaragoza ya no se concibe sin tranvía, un sistema de comunicación que vertebra la ciudad y sobre todo forma parte de un modelo de ciudad que defendemos los socialistas.

Por todo ello, no es admisible que la alcaldesa venda la accesibilidad, la comodidad y la identidad del tranvía de Zaragoza por un puñado de euros mal contados.