![]() |
Artículo publicado en Heraldo de Aragón, el 15 de septiembre de 2025 Darío Villagrasa, vicesecretario general del PSOE de Aragón, diputado en las Cortes de Aragón y alcalde de Bujaraloz |
Hoy se cumplen cinco años desde la ampliación del colegio público de mi pueblo. Obra históricamente comprometida y finalmente desarrollada por el ejecutivo de Javier Lambán.
Un ejemplo entre cientos, que evidencia el firme compromiso político en la recuperación y mejora de los servicios públicos que tuvieron sus gobiernos, situando en el corazón de la acción política un elemento fundamental para los socialistas: la lucha contra todo tipo de desigualdad.
En todos los municipios de Aragón, miremos donde miremos, existen obras y hechos, de incontestable progreso, protagonizados por los gobiernos de Javier Lambán Montañés. Esa mirada positiva tiene un carácter doble, en los pueblos de la provincia de Zaragoza, donde siendo presidente de la Diputación Provincial, acuñó de forma pionera en todo el país el concepto de ‘cuarto espacio’, aplicando como un socialdemócrata de libro, políticas de redistribución de la riqueza en una provincia despoblada y asimétrica desde el punto de vista territorial.
Cuando se presenten próximas citas electorales y los partidos políticos debamos buscar referencias con las que ejemplificar qué es lo que vamos a hacer y cuál es el proyecto con el que aspiramos a ser dignos de la confianza de los ciudadanos, se erigirá como pieza imprescindible la figura del presidente Lambán.
Un socialista inquebrantable, que, con mucho esfuerzo y dedicación, lidió con la vasta tarea de recuperación de una sanidad que encontró maltrecha, una educación al borde de la privatización, unas políticas sociales bajo mínimos y un escenario económico inicialmente adverso. Ante las dificultades, el Javier Lambán político, se crecía con enormes dosis de trabajo, audacia y liderazgo.
Javier Lambán aprobó más de setenta leyes en el Parlamento, buscando el beneficio de Aragón y de la mayoría social, en cada artículo y cada letra. Desarrolló su acción política mirando siempre al medio y largo plazo; siendo consciente de que los réditos electorales probablemente los capitalizarían otros, pero estaba convencido que este era el camino correcto que todo gobernante debía seguir. Rememoraba las elocuentes enseñanzas del presidente del Partido Socialista, Ramón Rubial, a quién siempre tuvo presente en todas y en cada una de sus dimensiones políticas.
Se enfrentó a imponderables como las consecuencias económicas derivadas de la geopolítica o la difícil lucha en los años de la pandemia covid. Puso por delante su responsabilidad a su salud, sus sólidos valores a su comodidad personal y no hubo un día que faltase a su trabajo y que no escudriñase hasta el último rincón, para desarrollar nuevas ideas y proyectos que llevar a cabo con el comprometido propósito de seguir mejorando la vida de la gente común, de lograr una tierra más igualitaria, reivindicando Aragón ante cualquier otra cuestión.
Estas son algunas, de las muchas razones por las que los y las socialistas debemos reivindicar con orgullo, el trabajo desempeñado en la Comunidad por Javier Lambán, que traza uno de los caminos referenciales y de éxito a seguir en el futuro. Una forma de hacer política, cuyo resultado ha sido un Aragón más justo y próspero, de cuyos vientos de cola, el actual Gobierno sigue aprovechando, cayendo en ocasiones en una amnesia selectiva, y olvidando que, mientras fueron oposición, dificultaron una parte importante de lo que hoy se consideran ‘éxitos de Aragón’.
El legado de progreso, dando voz en los debates nacionales a la histórica tierra de Aragón y reverdeciendo la autoestima colectiva como Comunidad, que jamás deberíamos haber abandonado, es otra más de las lecciones que nos deja el ejercicio del presidente Lambán, que junto con su habilidad para tejer consensos políticos, propició una serie de reformas estructurales en Aragón, que la perspectiva del tiempo agrandará por su trascendencia.
Más allá de la figura del presidente Lambán, o de su faceta orgánica como secretario general, con el que trabajé orgullosamente a su lado como secretario de Organización durante siete años siendo testigo de los avatares y la intensidad de la última década política, Javier ante todo, era mi amigo. Un gran amigo.
Fue mi maestro durante muchos años y no dejó nunca el sano propósito de poner al servicio de los demás su experiencia como servidor público atesorada durante cuatro décadas. Hablábamos mucho, y no solamente de política. La vida me ha deparado la fortuna de conocer, trabajar, compartir y querer a un hombre comprometido, culto, sabio, y bueno en el mejor sentido de palabra. La historia, la literatura, el cine, las series, las anécdotas de nuestros pueblos o el discurrir de la vida en general, eran temas habituales en aquellas conversaciones que parecía que nunca tendrían final. Este amigo, que será eterno, cumple un mes desde su ausencia, y ha dejado en mí una huella imborrable desde el punto de vista político, humanista y personal.
Días atrás había gente que escribía sobre Javier Lambán, prescribiendo como advertencia que «No conocían personalmente a Javier Lambán». Pues bien, yo sí, y mucho. Con esa legitimidad, puedo afirmar que Javier Lambán demostró ser un extraordinario servidor público, fiel a los valores del PSOE y el socialismo democrático, trabajador hasta la extenuación, defensor de las causas justas y un ejemplo vital, que conjuraba virtuosamente «la España de la rabia y de la idea» que Machado escribió en sus versos.
Personalmente, me sigue doliendo su pérdida. Se quedan muchas conversaciones pendientes con este «compañero del alma tan temprano» que glosaba Miguel Hernández. Aunque cada vez que esté ante una disyuntiva, me preguntaré que es lo que habría hecho Javier Lambán, procurándome contagiar de la «emoción política» que tanto reivindicaba de su admirado Manuel Azaña. Con este seguro, confío que no me equivocaré, puesto que Javier Lambán, desde la ampliación de un pequeño colegio en el medio rural a la puesta en valor de nuestra tierra en la gobernanza de España, defendió, reivindicó y demostró que tenía Aragón en la cabeza y en el corazón.
