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Artículo publicado en El Periódico de Aragón, el 23 de julio de 2025 Marta Gracia, diputada socialista por la provincia de Zaragoza en el Congreso de los Diputados |
Llegué al Congreso como diputada hace ahora un año y medio. Pueden imaginarse lo que supuso para mí sentir esa mezcla de responsabilidad, vértigo, orgullo y el inmenso agradecimiento al PSOE, y a todos sus votantes por ofrecerme esa oportunidad que solo tenemos 350 personas en un país de 47 millones de habitantes.
Por esa razón duele tanto el comentario más habitual: «¿de verdad estáis todo el día con insultos?, tanta bronca es insoportable». El comentario duele no por desatinado sino porque señala el éxito de una estrategia de oposición que nos va a llevar a la ruina como país y a la destrucción de nuestra democracia.
Llevamos años de sobreactuaciones y apocalipsis, de gritos, insultos y deshumanización. Que esto viene siempre de PP y Vox es un hecho fácilmente verificable. Si tienen curiosidad, revisen las sesiones en la web del Congreso de los Diputados.
Con tanto ruido parecería que nada productivo sucede en el Congreso, que el país está paralizado. Ocurre, en realidad, todo lo contrario. Finaliza un curso intenso y productivo en el que el Gobierno de España ha mejorado la vida ciudadana y la salud del país. La subida del salario mínimo y las pensiones, o los buenos datos de empleo y seguridad social, vienen acompañadas del aumento de las becas, la mejora en la ciencia, una innovadora política estatal para acceder a una vivienda digna o las ayudas para jóvenes en el transporte público. El ciclón de los salvajes recortes conservadores se ha frenado gracias a las políticas progresistas que se concretan en el BOE.
Ése es nuestro día a día. Por eso, los hombres y mujeres socialistas hemos vivido con tanto estupor y dolor lo sucedido en relación con el llamado caso Koldo. No caben excusas ni justificaciones. Sólo queda que el peso de la ley caiga sobre todos los culpables. Ninguna organización está a salvo de tener entre sus filas a personas corruptas. La gran diferencia está en cómo se actúa con ellas. O la organización las expulsa, o las protege. O estás en el lado de la justicia y del bien común, o estás en el lado del corrupto. No hay más.
El PSOE ha actuado con eficacia para ayudar a los tribunales en su labor porque somos un partido de mujeres y hombres honrados que trabajamos por el bien común. El Comité Federal aprobó medidas legales y éticas concretas, como la abolición de la prostitución y la expulsión inmediata de cualquier afiliado que pague por sexo. Nos preparamos para el futuro con una profunda renovación en nuestra dirección. Pero, sobre todo, con medidas políticas e institucionales frente a corruptores y corrompidos.
El Gobierno ha retomado la iniciativa. En el último pleno del Congreso demostró que la mayoría de investidura se mantiene, gana confianza y pasa a la ofensiva con un objetivo muy claro, incentivar políticas sociales de progreso.
Casi a la vez el PP celebró su cónclave, en el que no aclaró su proyecto de país. Sirvió a Feijóo para seguir siendo el líder de los conservadores, pero le impide encabezar una mayoría alternativa, se olvida de su electorado moderado y entran en una competición que le aleja de la sensatez y del gobierno. Esa lucha sin cuartel por el lado más radical del ala derecha explica el ascenso de Tellado y Muñoz, el desembarco de Vox en Torre-Pacheco y el silencio atronador del PP ante los sucesos violentos. Silencio aún más clamoroso cuando un juez imputa al exministro de Hacienda y toda su cúpula ministerial con acusaciones gravísimas que nos retrotraen a los usos y costumbres de la élite dirigente durante el franquismo.
Habrá quien piense que esto son cosas que pasan en Madrid, pero que en Aragón vivimos en otra realidad. No es así. La radicalización se sufre cuando Azcón se pliega a Vox y planta al Gobierno en la acogida de menores no acompañados. La manipulación se sufre cuando la radio y la tele pública de Aragón parecen el NODO. La inoperancia se sufre cuando la sanidad pública se deteriora gravemente. La inacción se sufre cuando el presidente desoye el aviso de DANA y se marcha de vacaciones. El infantilismo se sufre cuando el presidente se rasga las vestiduras por la financiación autonómica pero se niega a sentarse a negociar, rechaza los fondos adicionales que le envía el Estado y rebaja los impuestos a los aragoneses más ricos. Y los aragoneses no queremos un gobierno que nos haga sufrir, sino progresar en calidad de vida, en oportunidades y en convivencia: un gobierno socialista.
