Un Aragón amable y leal

Azcón, al igual que Feijóo, lleva mucho tiempo pidiendo un adelanto electoral en España

Artículo publicado en Heraldo de Aragón, el 7 de junio de 2025
Fernando Sabés, portavoz socialista en las Cortes de Aragón

La política atiende a las personas y los partidos se deben a su electorado. La lógica de esta certeza nos debería unir en el sano debate en el que confluyen y confrontan ideas y propuestas. El parlamento aragonés debería ser ese foro de encuentros, controversias, impulso de iniciativas y control del gobierno.

En estos momentos, la nobleza del compromiso público está en serio peligro. Es una percepción ciudadana que está calando, día a día, al observar cómo el natural diálogo del agua en primavera se transforma en un chaparrón insultante de lluvia ácida partidaria. Todas y todos tenemos una responsabilidad compartida de haber generado esa atmósfera enrarecida, ya sea por acción o reacción. Pero, sin duda, quien gobierna no sólo tiene la obligación de gestionar Aragón, sino que debe hacerlo anteponiendo los intereses de sus habitantes a los de su partido.

Estos dos años de presidencia del señor Azcón se han caracterizado por tres ejes. La destrucción y deterioro de los servicios públicos, la deslealtad con el gobierno de España y la culpabilización estridente a otros para ocultar la propia incapacidad. Hoy, las y los aragoneses tienen una sanidad más débil, una peor educación y unos servicios sociales que se han ido empequeñeciendo. El objetivo de esta deconstrucción de lo público está siendo el beneficio directo e indirecto de los intereses de sus amistades peligrosas. Sean empresas sanitarias vinculadas a la pareja de Ayuso o a oscuras universidades privadas más preocupadas por el negocio que por la educación. La falta de lealtad y solidaridad con España en general, y otras comunidades autónomas en particular, nos ha llevado a que el presidente aragonés se haya comportado como un insumiso antisistema. Ha tenido que ser un tribunal, a través de una resolución judicial, la que le haya obligado a entregar los datos de los menores no acompaños que atendemos. Se olvida de que esos números, ni son suyos ni tienen un determinado color político. Son el resultado de unos criterios con los que se podrá estar o no de acuerdo, pero son objetivos. Acudir a las teorías de la conspiración para justificar el oscurantismo no tiene más sentido que ganar terreno a la ultraderecha en esa alocada disputa para sacar tajada de la inmigración. Lo de menos son los niños.

El tercer elemento reiterativo del gobierno del PP es la culpabilización a otros, que utiliza más como agresión que como explicación. Para el señor Azcón todos los males son de los demás y, por otra parte, los aciertos heredados de las inversiones del anterior gobierno socialista se los apropia él. Los actores culpables secundarios de los populares envejecen regular, con las arrugas de una realidad que les da la espalda. Unas veces parece que les haya sentado mal la derrota del terrorismo y echan en cara que una formación legal participe en la vida institucional. En otras ocasiones, el nacionalismo conservador catalán ocupa todo el foco, olvidando que en Cataluña gobernamos los socialistas gracias a que esas formaciones que protagonizaron la confrontación con Rajoy, hoy están en la oposición. Es lo que hace el señor Azcón, utilizando la palanca del Pignatelli, para hacer política de partido contra su próxima rival en las elecciones aragonesas, Pilar Alegría, y contra el gobierno de España. En esa deslealtad permanente, el presidente de nuestra Comunidad está más cerca de Mazón y de Ayuso que de la ciudadanía aragonesa. Lo hemos visto con su actitud ante la Conferencia de Presidentes de Barcelona. Entendemos el nerviosismo del presidente. La disputa del mismo espacio electoral con la ultraderecha le está causando dificultades. Azcón, al igual que Feijóo, lleva mucho tiempo pidiendo un adelanto electoral en España. Lo único que ha conseguido es adelantar el congreso de su partido.

Faltan dos años para las próximas elecciones. El gobierno aragonés debe dedicarse a gestionar y mejorar la vida de los aragoneses. El señor Azcón confunde la constancia y firmeza de la que hacemos gala en Aragón con la cerrazón y la obcecación contra todo y contra todos. Vivimos y disfrutamos en una tierra noble y amable. Lo lógico es que tuviéramos un gobierno tan leal como leales somos los hombres y mujeres de Aragón.