Ejea de los Caballeros, 6 de febrero de 2016.- El Presidente de Aragón, Javier Lambán, ha participado en el cementerio de Ejea en un acto de homenaje a siete ejeanos deportados al campo de concentración nazi de Mauthausen, de los que sólo tres sobrevivieron. La inauguración de un pequeño memorial servirá para guardar recuerdo permanente de quienes habían huido de la Guerra Civil y acabaron siendo víctimas de una de las mayores tragedias del siglo XX, la del Holocausto nazi.
«Como ejeano, -ha recalcado el presidente- estoy muy orgulloso de que Ejea haya sido uno de los pueblos aragoneses que ha estado siempre más dispuesto a honrar la memoria de sus hijos muertos por la libertad y la democracia. Lo hemos hecho siempre desde el siglo XIX y seguimos haciéndolo ahora”. A su juicio, la iniciativa del ayuntamiento que preside Teresa Ladrero «me parece muy oportuna y cargada de justicia y de sentido de la historia”.
Y hace hincapié en decir esto porque entiende que «los jóvenes deberían saber que, a través de lo que llamamos recuperación de la memoria democrática, que la paz, que la convivencia democrática es algo que no nació solo, sino gracias al sacrificio de personas como las que aquí homenajeamos y que solo perviven si las generaciones si se esfuerzan por mantenerlas”. Por ello, aboga por enseñar en las escuelas a los jóvenes «que deben sentirse orgullosos de esta historia”. Y argumenta que «si hoy existe en Europa un espacio de prosperidad, de democracia compartida, si existe la UE como tal y no ha habido guerras durante décadas, es precisamente por el sacrificio de personas como estas que dieron su vida por la paz y la democracia, a las que hoy rendimos homenaje”.
En el cementerio de Ejea de los Caballeros, muy próximo al monumento memorial a las víctimas de la represión franquista, se ha descubierto un pequeño monolito donde se les recordará porque para los supervivientes, ni siquiera la tragedia acabó ahí porque, mientras los deportados de otros países volvieron a sus países de origen con ceremonias de homenaje y palabras de aliento, ellos eran para la España oficial republicanos «indeseables” sobre quienes se practicó la indiferencia y la humillación.