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Artículo publicado en «El Socialista», el 18 de julio de 2025 Pilar Alegría, secretaria general del PSOE de Aragón |
Jorge Azcón ya ha conseguido lo que llevaba años buscando: ser conocido en España. Pero no lo ha logrado por su capacidad de gestión, ni por defender los intereses de Aragón. Azcón se ha hecho viral por algo muy distinto: por ser un presidente ausente. Se ha convertido en un personaje político que provoca memes —y también cierta vergüenza ajena— ante su reacción y ausencia en los dos últimos episodios meteorológicos graves vividos en la comunidad.
La primera vez le sorprendió en Galicia, en una boda y un festival. No solo no suspendió su agenda privada, sino que asistió en coche oficial, costeado por los ciudadanos, y no se planteó regresar. La segunda, directamente se marchó de vacaciones a una isla, mientras la AEMET avisaba días antes de la llegada de otra DANA.
La situación no tiene ninguna gracia, aunque a él parezca importarle poco. ¿A qué presidente se le ocurre irse cuando se alerta de un fenómeno extremo? Alguien puede pensar que esto es una cuestión de “mala suerte”, pero nada más lejos de la realidad. Existe la previsión, la responsabilidad o la obligación de estar al frente en momentos difíciles. Lo complicado con Azcón es pillarlo trabajando en Aragón.
En el PP deben de tener un manual de gestión para catástrofes que dice algo así como: “Si no te pones al frente del problema, el problema no existe. Y si estás lejos, mejor todavía”. Ya vimos cómo lo aplicó su colega Mazón, que estaba comiendo en El Ventorro mientras las inundaciones hacían estragos y causaban pérdidas humanas en Valencia.
Y no es casualidad. Desde que llegó al Pignatelli, Azcón está incómodo siendo presidente. Su cuerpo algunas veces —pocas— está en Aragón, pero su cabeza y sus ambiciones están en otro lugar. Lo que le gusta es atacar obsesivamente a Pedro Sánchez, enfrentarnos a Cataluña y buscar, a codazos, un hueco en los telediarios nacionales. Porque su objetivo no es gobernar esta tierra, sino usarla como trampolín para saltar a Madrid y compadrear con los suyos. Él quiere ser alumno aventajado de Ayuso.
Mientras se dedica a esa carrera personal, los problemas de Aragón siguen esperando. Necesitamos un presidente comprometido, que conozca el territorio, que escuche a la gente, que afronte los desafíos con seriedad y no un influencer político.
Ahora que las cosas no le van como esperaba —basta con recordar el ninguneo que sufrió en el último congreso del PP—, no tengo dudas de que intensificará sus ataques al PSOE. Somos su gran obsesión. No espero que se vuelque en gestionar ni en demostrar que está capacitado para el puesto. Eso sería pedirle demasiado. Él seguirá con sus soflamas, sus discursos incendiarios y sus ataques a sus enemigos de siempre, mientras la sanidad, la educación o los servicios sociales sufren sus privatizaciones y recortes.
Va a llegar un momento en el que, cuando veamos una foto de Azcón en algún pueblo de Aragón, sabremos que es de archivo. De cuando estaba en campaña. Porque ahora, ha dejado claro que prefiere los focos de Madrid, los platós de televisión y los actos de partido a trabajar por nuestra tierra.
Lleva dos años viviendo de las rentas. Recogiendo los frutos de lo que sembró el gobierno del socialista Javier Lambán y aprovechando para anunciar o inaugurar cosas que nada tienen que ver con su gestión.
Los políticos heredamos proyectos, pero a un cargo se llega con ideas, salvo en el caso de Azcón. Debe ser que no tiene mucho tiempo para pensar y que prefiere dedicarse al desmantelamiento de los servicios públicos o a irse de fin de semana con sus amigos.
Sin embargo, cada día que pasa, es uno menos para que Aragón recupere el lugar que merece. Para que los socialistas volvamos a gobernar esa tierra, porque nosotros sí tenemos proyecto, sí creemos en el presente y el futuro de Aragón y sí nos importan sus gentes.


